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de Julius Evola

Mors triumphalis

El barón Giulio Cesare Andrea Evola, mejor conocido simplemente como Julius Evola, ha sido -y seguirá siendo, por algún tiempo- un personaje no poco controvertido. Con una línea esotérica muy marcada, sus ideas bien puedan caber dentro del más radical tradicionalismo; pero ello no vuelve menos cierto que a Evola también se le pueda etiquetar, simple y llanamente, como un reaccionario más (pero bueno, tras haber nacido en la Roma aristocrática de finales del siglo XIX, era difícil esperar otra cosa). La cuestión aquí es que el término ‘reaccionario’ no necesariamente conlleva la carga peyorativa a la cual lo tenemos acostumbrado. Sabemos que fue gracias a la Revolución francesa que un reaccionario terminó siendo algo así como un contrarrevolucionario, un tajo no menor cabe mencionar; pero cuando observamos que los monstruos no son el sueño de la razón sino su directa consecuencia (basta levantar un poco la vista hoy en día), bueno, añorar un estado de cosas anterior no tendría por qué verse como algo tan malo (todas las cuestiones que envuelven a la tan afamada agricultura orgánica, por ejemplo, son altamente reaccionarias).

Pero bueno, esta breve digresión no tiene otro fin que poder introducir el presupuesto central que guía la argumentación que sostiene las ideas de Julius Evola sobre la guerra, pues su metafísica justamente implica el rescate de eso tradicional socavado por «la civilización democrática y materialista»; finalmente, la maniobra de Evola busca convocarnos a una cruzada por el resurgimiento de eso que hemos dejado atrás: el mundo de lo espiritual. En este libro, huelga decir, su vehículo lo encuentra en el acto de la guerra.

Para Julius Evola, la guerra “ofrece al hombre la ocasión de despertar al héroe que anida en él” (Evola, 1935: 5); la guerra, entonces, está del todo justificada por el «heroísmo» que puede llegar a convocar porque, cabe mencionar, no toda guerra produce héroes. Morir en el campo de batalla acribillado por el enemigo no es un acto heroico en sí mismo, y es que la muerte material del individuo está tan alejada de lo espiritual como lo está burguesía (recordemos que ésta «profanó todo lo sagrado» (Marx & Engels, 1848: 35)); la «experiencia heroica» primordial sólo puede emerger cuando el guerrero se somete a un «principio espiritual» mayor que lo borra como individuo y, por ende, lo conduce “a la supravida y a la suprapersonalidad” (Evola, 1935: 15). El guerrero no lucha para sí, ni por su raza, ni por su nación; no lucha por riquezas, ni por mujeres, ni por predios que tendría que arar como un siervo hasta que la vejez se lo impidiera; el guerrero lucha por la «causa de Dios».

Un ejemplo próximo a nosotros lo podemos encontrar en la jihâd islámica, todo ello bellamente ilustrado por un hadiz que Evola saca a colación: «La sangre de los héroes está más cerca del Señor que la tinta de los sabios y las oraciones de los devotos» (citado en: Ibíd.: 48 y 49). Sin embargo, para mí, el ejemplo por antonomasia de lo espiritual en la guerra está relatado en la Bhagavad Gîtâ, diálogo entre el guerrero Arjuna y el Dios Krishna. Todo comienza cuando Arjuna, en el momento justo de bajar al campo de batalla, da cuenta que las filas enemigas están conformadas por algunos de sus parientes y amigos de la infancia; es entonces cuando el guerrero se ve paralizado por un ataque de piedad. Krishna no duda en calificar ese acto como impuro y arguye:

Todos los guerreros que están ahí dispuestos en las filas de los ejércitos enfrentados dejarán de existir incluso sin ti (sin que tú intervengas). Así pues, levántate y conquista la gloria; derrota a tus enemigos y goza de un reino próspero. En verdad a todos esos guerreros ya les he dado muerte Yo previamente; sé tan sólo un instrumento; mátalos; que eso no te turbe; combate y vencerás a tus enemigos en la batalla (Vyasa, 400 a.C.: 11.32, 33 y 34; citado en: Evola, 1935: 64; el énfasis es mío).

Aquí es muy claro que el guerrero espiritual no es nada en sí mismo, no existe un sujeto detrás: “El guerrero deja de actuar como persona. Una gran fuerza no humana, a ese nivel, transfigura su acción, la hace absoluta y «pura» allí precisamente donde tiene que ser extrema (Evola, 1935: 64; énfasis en el original). El héroe surge justamente de esa «elevación» por sobre lo mundano y lo terreno, la vida deja de tener valor alguno, lo humano se desvanece frente a lo infinito; y ahí también está lo «extremo», lo violento de la acción. Su consecuencia es clara: “La crisis de una muerte trágica y heroica se convierte entonces en una contingencia sin interés” (Ibíd: 52).

Vemos entonces que la guerra no sólo «rompe con la rutina de la vida cómoda», lo más importante de esa experiencia es que “favorece un conocimiento transfigurador de la vida en función de la muerte” (Ibíd: 5; el énfasis es mío). El guerrero, el héroe, “[realiza] una especie de ascesis, distinta de la contemplación, pero no menos rica en frutos espirituales” (Ibíd: 33; el énfasis es mío). De ahí que lo que cuente “no [sea] tanto la posibilidad vulgar de lanzarse a una batalla y sacrificarse, sino el espíritu con el que se [pueda] vivir una aventura de ese tipo (Ibíd: 67; énfasis en el original). La violencia de la guerra hace que el hombre rompa el velo de lo mundano y, con ello, que se entregue al Espíritu como el héroe infinito que trascendió sus ataduras carnales con el egoísmo y la mezquindad (creo que ahora es clara la situación social en la que nos encontramos; no es difícil dar cuenta que la mayoría de las guerras actuales, más allá de producir héroes, lo que están produciendo son esclavos).

Agradezco a Andrés Motta por haberme presentado con Evola; y aun más a Silvia Vázquez por su atinados comentarios

 

Del mismo autor puedo recomendar:

Evola, J. (1991) Eros and the Mysteries of Love: The Metaphysics of Sex. Rochester: Inner Traditions.
Evola, J. (1993) The Yoga of Power: Tantra, Shakti, and the Secret Way. Rochester: Inner Traditions.

Referencias

Evola, J. (1935 – 2006) Metafísica de la guerra. Palma de Mallorca: José J. de Olañeta, Editor.
Marx, K. & Engels, F. (1848) Manifiesto del Partido Comunista. En: Guevara, E.; Luxemburgo, R.; Marx, K. & Engels, F. (2006 – 2007) Manifiesto. Tres textos clásicos para cambiar el mundo. Bogotá: Ocean Sur.
Vyasa (400 a.C. (aprox.) – 2000) Bhagavad Gîtâ, cantar del Glorioso Señor. Palma de Mallorca: José J. de Olañeta, Editor.