El Ritual Sagrado de la Represión

Publicado: 6 diciembre, 2012 en Política, Religión, Vida cotidiana

Si alguien leyó con atención la crónicas ‘oficiales’ que fueron divulgadas en las redes sociales sobre los disturbios y enfrentamientos que se llevaron a cabo este primero de diciembre, creo que no le será muy difícil sacar la siguiente conclusión:

¿Hubo violencia? Fueron los anarquistas. ¿Bombas molotov? Los anarquistas. ¿Pintas y destrozos? Los anarquistas. Los anarquistas. Los anarquistas.

No sé ustedes, pero esto a mí me suena como chivo expiatorio. Veamos bien a bien qué significa esto.

La dinámica del chivo expiatorio puede rastrearse, al menos, en dos culturas antiguas: los griegos y los judíos.

El ritual judío está desarrollado en el capítulo 16 del Levítico. A grandes rasgos, lo que se hacía era elegir dos chivos. El primero de ellos era sacrificado en ofrenda a Yahveh, es decir, era muerto, despellejado, desangrado y quemado. El segundo tenía una historia un poco más atroz. En principio, era simbólicamente cargado con todas las culpas y pecados del pueblo de Israel y era, por tanto, entregado a Azazel. Lo que no significa sino que era abandonado a su suerte en el desierto, previamente, claro está, había sido insultado y golpeado. Este último era el susodicho chivo expiatorio y servía justamente para eso, para expiar los pecados de los hombres (cabe recordar que el pecado siempre se ha pagado con algún tipo de penitencia; claro que es mejor que otro lleve esa carga a cuestas).

En la cultura griega el ritual era un poco diferente. De principio, no eran chivos sino personas las que eran elegidas; eran también dos, pero una representaba a los hombres y la otra a las mujeres. El ritual consistía en encaminarlos a las afueras de la ciudad; trecho que era acompañando, de nuevo, con insultos, golpes (especialmente los genitales eran golpeados con cebollines -no sé por qué-) y pedradas. Una vez en territorio externo, eran lapidados e incinerados. Y voilà, con ello se libraban las tensiones del pueblo.

Ahora, ¿lo está haciendo bien el Gobierno del Distrito Federal? Me parece que no.

De principio no eligió a dos, sino a una muchedumbre (de la cual, seguramente, más de la mitad ni eran anarquistas); lo cual ya es un poco atragantado de su parte (pero bien podemos pensar en la posibilidad de que la cantidad de chivos expiatorios está en relación directa con la gravedad de los pecados). En segunda instancia, si bien los está llevando hacia ‘afuera’ de la ciudad (las cárceles son justamente eso, un espacio alejado de la civilización donde el estatuto de ciudadano se borra); no los ha matado. Igual y golpeado, insultado y torturado sí; pero sin la incineración final el ritual no concluye lógicamente, por tanto no se expían los pecados y, más bien, se vuelve simple y llano divertimento perverso (lo cual elimina toda la sacralidad del proceso).

En definitiva, la buenas costumbres han quedado atrás; y ya sólo contemplamos ese breve resquicio de la pureza que antaño nos elevaba al reino de los cielos.

CarzyGoat

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