La Société Perrier y su «espíritu en expansión»

Publicado: 25 noviembre, 2011 en Arte, Vida cotidiana

Existen escritores del momento cuya voluntad en expansión doblega la línea incidental de la actualidad hasta curvarla en la esfera del eterno infinito.

Karl Kraus

(Citado en: Kraus, 1907: 40)

Si ustedes aceptan que para que la divulgación en su versión vil se sostenga, el pilar fundamental que lo posibilita se centra en el ruidoso escarnio del sentido peyorativo que eso “vulgar” hace retumbar dentro del eco vacío del buen gusto; entonces nos empezamos a entender -al menos, para lo que en las siguientes líneas andaré desgañitando.

Y es que lo bellaco de éste tipo de divulgación se puede encontrar en al menos dos formas:

  1. se supone que el auditorio es ignorante y, por tanto, se toma el libertinaje de afirmar cualquier cosa o;
  2. se supone que el auditorio es ignorante y, por tanto, se toma el libertinaje de convertir cualquier cosa en un ídolo a quien rendir sacrificial tributo.

Esto último es lo que el colmillo de mármol austrohúngaro del maravilloso Karl Kraus nombra como «voluntad expansiva».

Y si éste escritor se merece semejante adjetivación es porque, en la actualidad, se encuentra rompiendo el trío que antes conformaba la serie de librepensadores que tatúan mi pecho.  (todos vieneses, y tres de los cuatro judíos… ¡Auch!).

Pero regresando al tema.

Hace un par de días encontré en la afamada página de Facebook de la Société Perrier -cuya pronunciación, para los snobs, es: click aquí– (página que, debo decir, sigo con cierta atención para enterarme de las grandes fiestas de la poser socialité -que, fuera de eso, son muy buenas fiestas); me encontré, decía, con una reseña que me anonadó a tal grado que tuve el atrevimiento de cancelar una de mis veladas de delicias para encontrarme, en algún momento de la noche, rodeado de gente cual adolescente en Vive Latino; sólo que, ésta vez, dentro del marco del tercer aniversario del MUAC.

La reseña (da click aquí), dice algo así:

Debido a esto, [su tercer aniversario] el MUAC ha decidido preparar una noche con un programa novedoso y como parte de este festejo se encuentra el Triple Filtro, agrupación que desde el 2004 no ha dejado de evolucionar y sorprender con sus nuevas propuestas cada vez más frescas y desquiciadas.

Para esta ocasión han preparado La Voodoo Suite, una pieza multicanal inspirada en la composición homónima de Pérez Prado. Su montaje se ha ejecutado en dos versiones: a) como una instalación para 30 bocinas repartidas alrededor de 3 pisos y b) como un concierto multicanal para 18 bocinas. Ambas versiones son acompañadas por una interpretación en vivo por parte de Triple Filtro.

La pieza está compuesta para que dependiendo de la posición del escucha la experiencia auditiva, y por lo tanto la composición, sea completamente diferente. Es a partir de su tránsito por el espacio de exhibición o de concierto que el espectador es capaz de reconstruir las infinitas versiones de la composición.

Su estructura se divide en 5 movimientos que oscilan en tiempo e instrumentación dependiendo de las cualidades acústicas del lugar. Más que presentarse como una composición completamente estructurada, la Voodoo Suite funciona como el entrecruzamiento entre una serie de “bloques de sonido”. Más que escuchar la interpretación de una composición entera por parte de un grupo de músicos, ésta pieza está intencionada temporalmente como un recorrido por una serie de paisajes sonoros en coexistencia. Así, la pieza funciona como un diálogo abierto entre una serie de sonidos donde ninguno busca predominar o controlar al resto del discurso musical.

Magistral, simplemente soberbio.

Sin embargo, al acudir y presenciar semejante imagen sonora, me topé con una de las más grandes desilusiones que he vivenciado a lo largo de una existencia repleta de pocas expectativas. Ahora bien, quiero aclarar, Triple Filtro es un gran proyecto; son muy, pero muy buenos; pagaría por escucharlos en vivo sin pensarlo dos veces. Lejos están, en cambio, de la magnanimidad que se lee en la brillante vacuidad que exaspera las frases rimbombantes de la escritora de la Societé.

Éste «espíritu en expansión» es uno que, a mi parecer (y que me perdonen mis amigos del medio), ya casi forma el patrón fundamental de las interacciones entre la obra de arte y el curador que las cura de todo mal (con el mezcal de las inauguraciones). Para robustecer mi argumento, les relataré otro episodio parecido; pero éste más afianzado a mi vida emocional:

Una de las pocas obras que realmente me trastornan estéticamente es la que, bajo el pincel del sobrevalorado (y muy sobrado de sí mismo) Picasso, se intitula Weeping Woman. La primera vez que la observé casi estallo en llanto; y eso que el impacto me sometió por medio de una presentación en el lamentable lenguaje visual del paupérrimo Power Point. Sin embargo, en mi segunda infancia (aquella que desmembraba la demencia de mis veinte años), durante un viaje en solitario al viejo continente; me topé de frente, en el Barri Gotic de Barcelona, con éste lienzo en toda su originalidad (su Aura, en la concepción de Benjamin, rebozaba el marco que la contenía): por un momento, el silencio de la eternidad dejó de respirar en mi alma… hasta que cometí el garrafal error de leer lo que un don nadie más (postrado a su lado) tenía que decir sobre la Weeping Woman.

Picasso (1937) - Weeping Woman

Y es que, en ese afán de guiar el ojo (o el oído en el caso de la Societé) se pierde lo más esencial del impacto que una obra pueda tener sobre el espectador: la subjetividad reflejada en el acto creativo de un ser que no soy yo. Lo siento mucho, pero no necesitamos de expertos, ni de divulgadores, ni de curadores; aquellos que como yo disfrutamos por nosotros mismos (con y sin vanidad) de la presunción de la apreciación (cosa que cualquier persona puede hacer; la fórmula es tan simple como la no obediencia de las modas), estamos sometidos al libre arbitrio de nuestro gusto (bueno o malo), nada más. Alguna vez, uno de los anarquistas más anarquistas (y que no se decía anarquista) que llegué a conocer, me dijo:

Para mí sólo existen dos tipos de música, la que me gusta y la que no me gusta.

Entonces, ¿quién eres , curador, divulgador, periodista, para decirme cómo observar y cómo escuchar algo que se mantiene en pié por sí mismo (es decir, sin la necesidad de tu presencia encandilada con ciegas insignias)? Son los burgueses los que te necesitan -y te pagan-; nadie más que ellos -lo cual me lleva a interrogar sobre el tiempo que gasto en la internet. ¿Qué eres sino un eslabón más de la cadena de mediocridad que ata a la gente al pantano de la desidia? ¿Alguna vez te preguntaste por quién paga tus fiestas (porque yo sí sé quien paga las mías -tus impuestos, para decirlo con la sequedad de la rapidez)?

Y bueno, para demostrar que el deporte que ahora me gusta practicar se llama: “escupiendo para arriba”; les dejo una fotografía de mi escritorio tal cual está en éste momento:

Referencia

Kraus, K. (1907) Aus dem Papierkorbe. En: Kraus, K. (1990) Escritos. Visor: España.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s