Breve bosquejo para una historia de la industria farmacéutica

Publicado: 19 julio, 2011 en Ciencia, Política

“Estamos ante el problema de la investigación convertida en negocio.”

Ana Cristina Laurell (Laurell, 2009)

Prefiguración

A pesar de que se pudiera pensar que la ciencia de la farmacéutica es una que nace junto con los albores de la humanidad; será solamente de la posterior industria farmacéutica de la que me ocuparé en las siguientes líneas. No es trivial mencionar lo milenario de aquella práctica y dar cuenta con ello de la importancia que ha tenido en la historia del hombre; pero tampoco lo es el recordar qué sentido se encuentra en su etimología. Es interesante resaltar que éste último proviene del griego phármakon, cuyo significado apunta a nombrar a todo aquello que es un remedio y un veneno a la vez -en algunas interpretaciones. Y así, es en ésta fusión de sentidos que podemos enmarcar de mejor manera todo lo que está en juego en la medicina basada en medicamentos -fármacos.

La industria farmacéutica, puedo decir, surge como una explosión en el siglo XX; a pesar de que su origen como ciencia independiente dentro de la taxonomía contemporánea se remonta a los inicios del siglo XIX. Y es así porque a partir de ese momento que se empieza a tener el conocimiento básico tanto del ser humano como de su entorno para poder construir una técnica basada en esa ciencia. Sin embargo, lejos está de ser algo oculto el hecho de que una concepción mercantil ensombrece los rededores de la industria en la que ha devenido.

Cuando mencioné que la ciencia farmacéutica ha acompañado a la humanidad desde sus albores mismos; ésta afirmación toma su fuerza cuando se le compara con el papel actual de su industria pero, sobre todo, cuando se sacan a relucir sus diferencias. Y qué mayor distinción de la antaña ciencia a la actual industria, sino poner de manifiesto el factor económico de ésta última por sobre la primera. Mientras que el centro de la ciencia farmacéutica en la antigüedad giraba en torno a la salud; pareciese que en la actualidad es solamente una cuestión de utilidad, mercancías y ganancias.

Me resulta imposible en el presente texto abordar a detalle toda ésta historia; lo que haré en vez es empezar a prefigurar las líneas base desde donde se podría construir una historia de la industria farmacéutica. Es por tanto que la delimitación del presente texto se encuentra ya desde su intitulación como un breve bosquejo.

La industria farmacéutica (IF) y la mercadotecnia

El Doctor Vannevar Bush, en la respuesta que hace a la petición de recomendaciones del entonces presidente de los Estados Unidos de América, Franklin D. Roosevelt, sobre el devenir de la política científica en ese país; hace hincapié, una y otra vez en el problema que sería ver a la ciencia y a la tecnología como un negocio. Desde su perspectiva, siempre debe tenerse como meta el bienestar general de la población, su seguridad y su protección por sobre todas las cosas. Por ejemplo, en las recomendaciones que hace sobre los mecanismos que debería de seguir toda inversión en proyectos de investigación, se lee la siguiente frase:

La agencia [encargada de manejar los fondos de inversión] debe fomentar la investigación mediante contratos o subsidios a organizaciones no pertenecientes al gobierno federal. No debería de contar con laboratorios propios (Bush, 1945: 25; el énfasis es mío).

Es muy fácil dar cuenta el por qué se debiese de reglamentar una prohibición en estos términos. Sobre todo a la luz que la actualidad echa sobre muchos investigadores que son ahora también emprendedores -levantando sus propios laboratorios farmacéuticos (Si bien Craig Venter es el ejemplo por excelencia; tampoco dista mucho de él el premio Nobel Eric R. Kandel). Y así, cuando es un interés económico el que se encuentra detrás de la investigación, es decir, es ya una cuestión de ganancias monetarias más que de “amor” al conocimiento o una “lucha en beneficio de todos”; el resultado dista mucho de la ética que se presupone en los cimientos de un trabajo que es clave para el devenir de la humanidad.

En el año 2006, en un artículo cuyo título habla por sí mismo (“Las 20 farmacéuticas más grandes del mundo rehusan cumplir códigos de ética”), Susana González resumió de una manera muy cabal éste problema:

La millonaria industria farmacéutica, cuyos principales representantes se ufanan de ser “empresas socialmente responsables”, carece de mecanismos de transparencia o códigos de ética y conducta profesional sobre la promoción de sus productos, al recurrir a la publicidad disfrazada, entrega de muestras gratuitas de fármacos -que buscan incidir en las pautas de prescripción de los médicos- y prácticas de corrupción, en detrimento de los derechos de los consumidores y su salud (González, 2006; énfasis en el original).

Uno de los datos más alarmantes que arroja el estudio citado es que más del 35% de las infracciones son relativas a “información engañosa sobre el medicamento”, lo cual conlleva, según la Consumer International -organismos patrocinado por la Unión Europea que llevo a cabo la investigación-, a puntualizar que la industria farmacéutica “no tiene en mente el interés de los consumidores, sino que se centra más en beneficios maximizando los ingresos por ventas.”

Pfizer, por ejemplo, en el 2009 pagó dos mil trescientos millones de dólares por una mala “comercialización” de medicamentos, en donde surgían prácticas poco éticas y demás subterfugios (Reuters, 2009); muy a pesar de la ya existencia legal de la farmacoeconomía.

No es por tanto en vano dar cuenta que la cotización de la industria farmacéutica en México sea de un 1.3% del Producto Interno Bruto; elevándose hasta un 7.8% cuando se especifica dentro del sector manufacturero; con un total de 138 millones de pesos en el mercado mexicano durante el 2008 (según los datos que arroja la Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica, CANIFARMA). Y que, por ejemplo, la XX Convención Nacional de la CANIFARMA próxima a llevarse a cabo se titula “El sector farmacéutico en el desarrollo de México”; donde dos de las seis mesas tratarán temas concernientes al marco regulatorio, tres mesas sobre fomento y crecimiento económico, y solamente una tratará temas sobre el acceso a la salud. Lo cual no hace de extrañarse la actitud de Novartis en la India donde, juicios mediante, están en contra de la reglamentación de patentes en ese país; puesto que significaría que la farmacéutica no obtenga grandes ganancias y, por tanto, significaría un gran acceso a medicamentos genéricos por la población de la India (Núñez, 2007)

Podría pensarse, jugando un poco al abogado del diablo, que no es algo tan malo todo lo anterior puesto que sirve como un impulso económico para nuestro país que ni siquiera el eufemismo “en vías de desarrollo” pareciese aplicar. Sin embargo, un artículo de 1998 intitulado: Perspectiva de la industria farmacéutica mexicana, escrito por Gustavo Viniegra González, apunta que, a pesar de que México es autosuficiente en la producción de las principales materias primas necesarias para la elaboración de antibióticos; el producto final es uno cuya mayor participación está en manos de las industrias extranjeras. Cosa nada novedosa en la forma de administración de nuestra economía.

La IF y su presupuesto orgánico (temas de emergencia)

Más allá de las cuestiones económicas que circundan a la industria farmacéutica, uno de sus grandes problemas se remonta a lo difuso de los presupuestos que sostiene, es decir, de aquello que supuestamente sustenta su práctica como una científica. Al parecer, ésta industria acepta como verdad el hecho de la enfermedad y que su causa es orgánica; cuando ni la primera es un concepto claro y distinto, y la segunda está en entredicho.

Hace unas semanas se llevó a cabo el I Coloquio de Filosofía de la ciencias médicas: lo normal y lo patológico en el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM. En este coloquio se congregaron médicos, psiquiatras, historiadores, filósofos, psicólogos y antropólogos (a grandes rasgos); y, prácticamente, las preguntas que siempre estuvieron en el aire fueron: ¿qué es la enfermedad?, ¿cómo poder caracterizarla?, ¿toda causa es orgánica? Y el único consenso alcanzado por los especialistas fue que no se tenía una respuesta para ninguna de estas preguntas.

Uno de los temas de filosofía de la ciencia que también se tocaron ahí fue el de emergencia. A grandes rasgos, ésta postura filosófica está en contra del reduccionismo que afirmaría que las explicaciones en biología son reducibles a explicaciones en física y/o en química. John Dupré, uno de los exponenetes del emergentismo, critica duramente ésta idea y saca a relucir el hecho de que no sólo el objeto de la biología es radicalmente distinto al de la física o la química (de principio, se está tratando con organismos vivos); sino que, la forma particular en la cual se estructuras las moléculas físicas y sus propiedades químicas en un organismo, hacen que surja algo en esa ordenación que no puede ser reducible a sus componentes. Es decir, que aun teniendo todo el conocimiento de las partes y la forma en la cual interactúan, sería imposible predecir el comportamiento del todo a partir de esa información. Por lo tanto, se necesita de una ciencia que estudie a los fenómenos también desde ese nivel superior para poder comprenderlos a profundidad.

Todos estos son temas muy complejos como para desarrollarlos cabalmente en el presente texto; sin embargo, sirven muy bien para sacar a relucir la complejidad del organismo vivo y cómo es imposible poder caracterizarlo desde el nivel mismo de sus componentes. Las farmacéuticas parecen ignorar estas discusiones que son de suma importancia puesto que están en su base misma, y tanto de operación como de existencia. Puesto que, si como afirma Dupré, es imposible predecir el comportamiento del todo a partir del conocimiento de sus partes, ¿qué papel tendrían los medicamentos en la enfermedad de un organismo vivo al centrarse solamente en sus componentes físicos y químicos? Si en verdad existen propiedades emergentes, éstas no están en el nivel de las partes del organismo; y si la enfermedad es algo más que un malfuncionamiento de los componentes, es decir, entra dentro de una concepción holista del organismo (como muchos profesionales afirman), los medicamentos no alcanzarían a tocarla en su totalidad.

Aun así, toda la mediatización de la industria farmacéutica carga siempre con el slogan: científicamente comprobado (cualquier cosa que esto pudiese significar). Pero cuando uno analiza a profundidad el sentido de ese científicamente comprobado, lo que sale a colación son más dudas que confianza. De principio, si la industria farmacéutica es una que se respete, sus inferencias serían inducciones sustentadas por el lenguaje de la probabilidad; entonces, no sólo es de resaltar que Hume destrozó el posible sustento lógico de la inducción, puesto que también el lenguaje de la probabilidad tiene sus  propios inconvenientes. ¿A qué se están refiriendo cuando hablan de probabilidad? ¿Es una interpretación física, epistémica o subjetiva? ¿Son probabilidades frecuentistas, hipotéticas, físicas, infinitesimales? ¿Son números racionales, reales o imaginarios? El problema del lenguaje de la probabilidad no está en la forma en la cual se calcula (obviando el gigantísimo problema del marco de referencia), sino en qué significa el número, a qué del mundo nos remite. Desde Hempel se sabe que las leyes probabilísticas no tocan al mundo; bien se puede obtener un hecho que vaya en contra de ellas y no por eso sería un contraejemplo; o bien, se obtiene un hecho que va de acuerdo con ellas pero no sería uno que funcionara como una comprobación.

¿A qué voy con todo esto? Lo único que quiero mostrar es que todas aquellas cosas que le resultan una obviedad a la industria farmacéutica, son detalles nada resueltos y, por ende, siempre es mejor ponerlos en duda que aceptarlos como verdaderos sin más. Porque, sobre todo, éstas prácticas lejos de no ser éticas, son sumamente peligrosas (recordemos la talidomina o, en fechas más recientes, las muertes supuestamente relacionadas con la heparina -un producto similar, pero más barato- (ver: Reuters, 2008)).

La IF y la salud mental

Si cuando uno reflexiona acerca de la enfermedad física se topa con todos los inconvenientes antes esbozados; cuando uno centra su estudio en la salud mental, las cosas se tornan más infranqueables aun. El problema, considero, es que si no existe un desarrollo cabal de la enfermedad a nivel biológico, al dar el salto a lo psíquico se pierden y difumina aun más las fronteras que podrían delimitar el objeto de estudio. Este tema es sumamente interesantes; sin embargo, también es sumamente más complejo que el anterior; por lo tanto, sólo esbozaré unas pequeñas líneas base.

A partir de mediados del siglo pasado, teniendo en consideración el descubrimiento de los ansiolíticos, comenzó lo que Laurent (1999) llamó: la epidemia de la prescripción. Al parecer, los ansiolíticos resultaron ser la panacea de las nuevas formas de expresión del malestar en los sujetos del siglo XX. Incluso, hasta la fecha, la clínica psiquiátrica sigue ésta senda de la medicación que no sólo carece de sustento científico (los temas de emergencia se exponencian en lo que respecta a la vida psíquica); sino que existen estudios que desmienten que estos llamados fármacos de la felicidad tengan algún efecto benéfico sobre las personas que los consumen (ver: Laurance, 2008)

Aun así, existen políticas públicas como la que lanzó George W. Bush durante su mandato, la llamada Nueva Libertad para la Salud Mental, donde prácticamente cualquier ciudadano tendría un psiquiatra de cabecera desde el nacimiento.

El problema general que surge es que, sin una comprensión cabal de lo que significa enfermedad mental y, por ende, del sentido que se engloba dentro de la salud mental; se presta a que prácticas clínicas privadas y, peor aun, políticas públicas, observen solamente una parte del gran espectro de posibilidades sobre la vida psíquica de los individuos. De aquí que la práctica farmacéutica en estos temas sea tan bien acogida puesto que no sólo resulta económicamente viable; también, existe un desapego de parte de las autoridades para con las personas que podrían sufrir algún padecimiento mental. Tan es así que, desde mediados del siglo pasado, se empezó a gestar el conocido movimiento antipsiquiátrico por parte de algunos psiquiatras. En este movimiento social se abogaba por un respeto de la locura y una apuesta para un mayor conocimiento de ella. Lo que es de destacar es que el movimiento antipsiquiátrico en México tuvo un gran auge, incluso siendo sede de Congresos Internacionales y asilo de grandes pensadores de ésta corriente de pensamiento.

La IF y la tergiversión de la enfermedad

Una de las consecuencias que surge de la carencia de un marco teórico de la enfermedad, es que ésta pueda tomar formas muy variadas dependiendo siempre de los intereses que se encuentren detrás. Michelle Foucault lo expuso no solamente en lo que respecta a la salud mental (en sus libros de La Historia de la locura en la época clásica y El poder psiquiátrico especialmente), sino también en la clínica médica (con su texto de El nacimiento de la clínica). Sin embargo, no es el único exponente de estos temas; Iván Illich con su Nemesis Médica es parte esencial del desarrollo del estudio de la medicina y su clínica.

Podría parecer que del hecho de que no existe un marco teórico que sustente ésta práctica pueda no inferirse que ella sea un fracaso; se puede ver con claridad que la medicina ha ido avanzando en su desarrollo, que los medicamentos son mejores que los anteriores, que la esperanza de vida ha ido en aumento con los años. Sin embargo, ello no oculta que existan actos que tergiversen ésta visión mesiánica de la ciencia médica (solamente comparable con aquellas posturas que zarpan del fallido proyecto del positivismo en cualquiera de sus versiones). De facto, se pueden observar un gran auge de enfermedades, síndromes y trastornos que, al parecer, surgen de la nada. Un síndrome, por ejemplo, es un conjunto de síntomas que alguien infiere que están relacionados y los nombra como una enfermedad. Pero, más allá de éstas prácticas socioconstruccionistas de la enfermedad y la salud, existen otros factores más terrenales que muestran el punto a discusión.

Ray Moynihan, en un artículo publicado en la revista British Medical Journal, argumenta el cómo la industria farmacéutica en coalición con algunos médicos, inventa enfermedades, construye síndromes, trastornos y corrige rangos de normalidad; todo ello para vender fármacos que alivien esos efectos.

[…] la industria “transforma” procesos naturales o etapas de la vida normales para ampliar el espectro de las enfermedades y vender sus medicamentos.

[…] por ejemplo, si se reduce la cifra en que se considera anormal la presión arterial, de un día para otro muchas personas, que un día estaban sanas, amanecen convertidas en hipertensas, por lo que deben tomar medicamentos.

[…] unen síntomas, recogen datos, alimentan estadísticas y producen informes (casi siempre financiados por la industria), que luego se difunden en congresos patrocinados por esas mismas compañías (Moynihan, 2007).

Más allá de lo discutible de las afirmaciones anteriores; no se puede negar que es un campo que merece especial atención por parte de los estudiosos del tema. Sobre todo cuando uno de los más controvertidos trastornos es el de déficit de atención con y sin hiperactividad; cuya “única cura”, según dicen los que saben, es mediante medicación. Lejos estamos en la actualidad de seguir pensando a la ciencia como una práctica aséptica de toda política y sesgo humano.

La IF y el negocio de la vacunas

Las vacunas han sido todo un tema que ha requerido de la especial atención de los interesados; sobre todo cuando del 6% de crecimiento anual de la venta de productos farmacéuticos, las vacunas experimentan un 20% de crecimiento por año (Ribeiro, 2009). En el 2007, por ejemplo, las vacunas para adultos superaron por primera vez a sus congéneres pediátricas. Dentro de toda la gama de posibles ejemplos que se podrían citar aquí, he escogido solamente dos que pienso como emblemáticos de las cuestiones que se mueven por debajo de este producto: la vacuna contra el virus de papiloma humano (VPH) y la vacuna contra la influenza.

En lo que respecta al la vacuna contra el VPH, demasiada tinta nacional e internacional a corrido dando a conocer tanto los estragos que ocasiona en aquellas que la consumen, como la mina de oro que representa para aquellos que la producen:

La vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) volvió a ser noticia durante el mes pasado. El País, ABC, Rebelión, CBS News y CNN reportaron efectos secundarios graves y muertes asociadas con la vacunación masiva realizada en Estados Unidos y España. En febrero de 2009 se habían reportado 10 mil 151 reacciones adversas al Sistema de Notificación de Eventos Adversos en Vacunas (VAERS, por sus siglas en inglés), en el cual participan el Centro para el Control de Enfermedades y la Administración de Alimentación y Drogas, instituciones estadunidenses. Las reacciones muy graves, por lo que 458 pacientes tuvieron que ser hospitalizados y 29 fallecieron (Laurell, 2009).

Cuando uno revisa el sustento de la susodicha vacuna, encuentra solamente dos argumentos: el costo-beneficio que representa para el sector salud y que ayuda a prevenir el cáncer cérvico uterino. Mientras que el primero de ellos nos hace recordar aquello que Foucault nombró como biopoder y que, más allá de lo rebuscado de su lenguaje, la analogía que funciona es observar a la población como un rebaño que tiene que sobrevivir a bajo costo para seguir produciendo. En lo que respecta al segundo argumento, el de la supuesto prevención del cáncer cérvico uterino, es más que conocida su desmentida:

[…] el ensayo clínico (ClinicalTrials.gov NCT00092534) hecho en 11 mil 550 mujeres de 16 a 23 años demostró una importante protección contra lesiones precancerosas en un plazo de cuatro años, pero no se sabrá hasta dentro de 25 a 30 años si protege contra el CaCu [cáncer cérvico uterino]. Se desconoce el tiempo que dura la protección, particularmente en los casos de niñas de 9 a 13 años que son las que se vacunan de forma masiva. ¿Qué pasará con la infección con otras cepas oncogénicas, ya que algunos estudios han mostrado un incremento en lesiones asociadas a ellas? y ¿cómo afectará la vacunación el control sistemático con el Papanicolau? A estas interrogantes hay que añadir los efectos adversos e incluso mortales en las niñas inmunizadas (Ibíd.).

La vacuna ha sido probada en ensayos clínicos con mujeres de 15 a 23 años, pero la vacunación se está practicando a niñas desde los nueve, sobre las que se desconocen sus efectos. Según el estudio mencionado, la vacuna tuvo un efecto preventivo en lesiones precancerosas, pero si evitarán el cáncer cérvico-uterino, sólo se sabrá hasta dentro de 25-30 años (Ribeiro, 2009).

¿Y qué decir de la influenza?

Los sueños pinoleros de salvación del mundo están en riesgo de quedar reducidos a un típico acto de corrupción trasnacional farmacéutica, que habría “presionado” a la supuestamente beatífica Organización Mundial de la Salud (OMS) para que exagerara los riesgos de la influenza ahora llamada A/H1N1 y empujara a “los políticos de la mayoría de los países a reaccionar inmediatamente y firmar acuerdos comerciales para adquirir vacunas contra la nueva gripe y gastar millones de dólares para responder” (Hernández, 2010).

En éste fenómeno de la influenza, parece cristalizarse la mayor parte de las señalizaciones que he venido haciendo a lo largo de éste texto: el negocio de la industria farmacéutica por un lado, su coalición con médicos y organismos internacionales, su alteración de grados de normalidad y mediciones estándar, las relaciones intrínsecas con la política más baja que se pueda encontrar en el globo, el monopolio de ciertas empresas, etcétera (ver: Odent, 2010).

En el caso de México es especialmente alarmante, Astillero lo declara muy atinadamente:

El proceso de indagaciones europeas tiene especial significación en México, donde Felipe Calderón aprobó –el 9 de marzo de 2009– un acuerdo con Sanofi Aventis (mientras los mexicanos se distraían con Carla Bruni) para que invirtiera 100 millones de euros en construir instalaciones para producir vacunas contra la influenza; luego, el apresurado Calderón recibió en abril la visita del estadunidense Barack Obama, y enseguida colocó a México en situación de alarma extrema, con el tapabocas como instrumento gráfico de confirmación de presuntos riesgos mortales y una población sometida a técnicas de control social mediante el miedo (Ibíd).

Por lo tanto, no está de más también involucrar estos temas en la construcción de esa historia de la industria farmacéutica que bien hace falta dar a conocer.

Limitaciones del presente escrito

Las líneas anteriores buscaron generar grosso modo ciertos lineamientos e ideas base para la posterior generación de información más específica y con mayor profundidad. Obviamente, existe muchos otros factores que también debieses de tomarse en cuenta para relatar la susodicha historia; pero el tiempo y el espacio torno imposible continuar desarrollando aquellos temas. Una pequeña lista de trazos faltantes sería la siguiente (sin pretensión alguna de ser una exhaustiva):

  1. Es de suma importancia resaltar también los avances y aciertos que la industria ha tenido en la historia del hombre, un texto que solamente se fije en críticas no alcanzaría a vislumbrar el fenómeno en su totalidad;
  2. uno de los puntos también de gran importancia es indagar sobre el papel que jugó la regulación y desregulación de la investigación genómica en la industria farmacética;
  3. a su vez, sacar a la luz los resultados obtenidos hasta la fecha del gran proyecto del Genoma Humano que, desde la perspectiva de varios expertos, ha resultado uno de los grandes fracasos científicos;
  4. otro tema sumamente oscuro que compete específicamente a México, es la ausencia de regulación de los laboratorios de estudios clínicos, esto puesto que ha sido tema de debate lo poco profesional de muchos de ellos (así como su generación espontánea por las ciudades).

 

Referencias bibliográficas

Bush, V. (1945) Ciencia, la frontera sin fin. Texto electrónico.

Dupré, J. (2009) It is not possible to reduce biological explanations to explanations in chemestry and/or physics. En: Ayala, F. y Arp, R. (2010) Contemporary Debates in Philosophy of Biology. Texto electrónico.

Referencias hemerográficas

González, S. (2006, 14 de agosto) Las 20 farmacéuticas más grandes del mundo rehúsan cumplir códigos de ética. La Jornada: http://www.jornada.unam.mx/2006/08/14/index.php?section=economia&article=026n2eco

Hernández, J. (2010, 14 de enero) Astillero. La Jornada: http://www.jornada.unam.mx/2010/01/14/index.php?section=opinion&article=004o1pol

Laurance, J. (2008, 28 de febrero) Inútiles, el Prozac y otras “píldoras de la felicidad”. La Jornada: http://www.jornada.unam.mx/2008/02/28/contraportada.pdf

Laurell, A. (2009, 3 de abril) La vacuna contra VPH: el conflicto de interés. La Jornada: http://www.jornada.unam.mx/2009/03/04/index.php?section=opinion&article=a03a1cie

Laurent, É. (1999) Pluralización Actual de las Clínicas y Orientación hacia el Síntoma. Bitácora Lacaniana. El Psicoanálisis hoy. No. 3; marzo 2008. Recuperado: 2009, 18 de noviembre. En: http://www.nel-amp.org/bl/bl03/periscopio2.html

Moynihan, R. (2007, 13 de noviembre) “Inventa” enfermedades la industria farmacéutica. La Jornada: http://www.jornada.unam.mx/2007/11/13/index.php?section=ciencias&article=a03n1cie

Núñez, K. (2007, 16 de febrero) Autoridades suizas, en contra de prácticas de farmacéutica Novartis. La Jornada: http://www.jornada.unam.mx/2007/02/16/index.php?section=sociedad&article=049n3soc

Odent, B. (2010, 11 de enero) Influenza A: “They Organized a Psychosis”. http://www.humaniteinenglish.com/spip.php?article1427

Ribeiro, S. (2009, 4 de noviembre) El negocio de las vacunas: caso VPH. La Jornada: http://www.jornada.unam.mx/2009/04/11/index.php?section=opinion&article=015a1eco

Reuters (2009, 3 de septiembre) Paga farmacéutica Pfizer 2,300 mdd por mala comercialización de medicamentos. La Jornada: http://www.jornada.unam.mx/2009/09/03/index.php?section=economia&article=025n1eco

Reuters (2008, 7 de mayo) Acusa China a farmacéutica de obstruir investigación sobre muertes. La Jornada: http://www.jornada.unam.mx/2008/05/07/index.php?section=ciencias&article=a02n1cie

Viniegra, G. (1998, 21 de diciembre) Perspectiva de la industria farmacéutica mexicana. La Jornada: http://www.jornada.unam.mx/1998/12/21/cien-gonzalez.html

Páginas de Internet

http://canifarma.org.mx/

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