La emergencia de lo psíquico

Publicado: 5 enero, 2011 en Ciencia
What more is there to what a thing is
than what it is made of?
(Dupré, 2010: 34).

 

Prefiguración

Podría pensar: el resurgimiento a partir de hace algunos años del interés por el concepto de emergencia y sus consecuencias tanto en la filosofía de la ciencia como en el quehacer científico en general, ha sido uno de los motivos por los cuales la filosofía de la biología se ha alzado por sobre la filosofía de la física. Éste nuevo posicionamiento con respecto a los problemas que se encuentran en el núcleo mismo de la práctica científica revela, a su vez, una tendencia contraria a la sostenida por las teorías llamadas reduccionistas. La imagen más legible de esto último puede retrotraerse desde la propuesta epistemológica de Rudolf Carnap (1928), pasando por el desarrollo un poco más fino de Hempel (1950), hasta llegar a su tal vez cristalización en el escrito de Oppeheim y Putnam (1958). Sin embargo, la más clara y general descripción la encuentro en una figura que se encuentra ilustrando una parte de la Introducción del libro intitulado The Dappled World, escrito por Nancy Cartwright (1999):

Ésta famosa pirámide muestra claramente el punto que estaré tratando en las siguientes líneas y representa, según la autora en cuestión: “what is often taken to be the standard Vienna Circle doctrine on unity of science: that the laws and concepts of each scientific domain are reducible to those of a more fundamental domain, all arranged in a hierarchy, till we reach physics at the pinnacle” (Cartwright, 1999: 6). Ésta tendencia hacia la unidad que representa un punto de vista reduccionista, es una que se ha venido criticando con la nueva ola de escritos filosóficos sobre la ciencia, como hice mención anteriormente, principalmente desde el bastión que conforma la filosofía de la biología (Mitchell, 1999; Dupré, 2010; Campbell, 1974), aunque también surgiendo desde otras perspectivas (Giere, 1995; Horst, 2007; Beckner, 1974). Grosso modo, el argumento que interpela al posicionamiento reduccionista puede ser descrito dentro del marco de la complejidad que al mundo le es inherente:

There is no single way to acquire knowledge of the causal strcucture of our world, no single “scientific method,” since there are multiple types of causation exhibited by the evolved, contingent systems that make up nature. There must be (as there in fact are), a plurality of scientific methodologies that embrace richer possibilities about the causal situations being studied (Mitchell, 1999: 84; énfasis en el original).

La unidad de la ciencia, por tanto, se ve trastocada por la complejidad de la estructura causal del mundo y, a su vez, por la de facto inexistencia de un solo método en la práctica científica. Ésta querella que apunta más bien hacia un pluralismo metodológico, a pesar de resonar con un sórdido estruendo de actualidad, es una que ya se encontraba dentro del anarquismo metodológico de Feyerabend (1970), propuesta que incluso yo podría enmarcar como una ética y que ha sido malentendida por doquier. Finalmente, todo éste embrollo no es más que un posicionamiento que se planta no sólo frente al Círculo de Viena y sus ancestros, sino también frente a Karl Popper y su más que conocido método crítico (si se hace un recorrido histórico).

Ahora, ¿por qué todo adquiere fuerza desde la filosofía de la biología? Las discusiones que se avecinaron como surgiendo de ese punto de fuga van desde la negación o replanteamiento de lo que se entiende por leyes en la ciencia, pasando por cuestiones de más importancia como lo es el entendimiento de qué es una explicación, hasta llegar a discusiones ontológicas que se enredan inextricablemente con posturas metafísicas. El presente escrito lo centraré en esto último puesto que, al parecer, hablar de metafísica en la filosofía de la ciencia heredera del analiticismo representa un terreno espinoso difícil andar y lastimero de aceptar pero, sobre todo, porque desde mi punto de vista la última palabra se erigirá solamente desde ese terreno, debido a que la complejidad representa un límite infranqueable para el continuo escudriñar del ser humano.

Entretiempos: la emergencia de lo biológico

Si pudiese existir una característica que represente a eso biológico por excelencia, podría apostar a que ésta es su complejidad; esto debido a que ésta disciplina se desarrolla dentro del campo de lo vital. Así como Kenneth Waters en 1990 sentó las bases para afirmar un consenso anti-reduccionista en la filosofía de la biología (citado en: Dupré, 2010: 33); yo podría encontrar uno más: el consenso materialista. Sé muy bien que depende de cómo se entienda éste materialismo que entonces se puedan delimitar sus apóstoles y detractores; sin embargo, manejando el concepto en general, se podría definir ésta posición como lo hace Dupré desde su propia persona: “I do not beleive there is any kind of stuff in the world other than the stuff described by physics and chemestry. There are no inmaterial minds, vital forces, or extra-temporal deities” (Ibíd.: 33; el énfasis es mío). Subrayar el estado de creencia que funciona como sostenimiento del argumento es de suma importancia puesto que, a mi parecer, ese es el terreno metafísico donde se jugará todo; no por ser una creencia, claro está, sino por mostrarse más como una postura personal que carece de una base observacional. Sandra Mitchell también apoya la creencia de John Dupré y, a su vez, la remonta incluso a los albores de la occidentalidad actual: “[…] it has remained a constitutive assumption of science since the seventeenth century that explanation can appeal only to the properties and behaviors of material susbtance. I agree with this assumption” (Mitchell, 2009: 24; el énfasis es mío).

¿Qué es entonces eso emergente?

Dejando de lado lo relativo a las diferenciaciones entre emergentismos (fuertes, débiles y demás); considero que una buena forma de enmarcar dentro de ciertos límites a eso que me refiero cuando hablo de emergencia es, primero, haciendo hincapié en las diferencias que existen entre las posturas reduccionistas y antireduccionistas1. Si se piensa, por ejemplo, en el primer movimiento de la Quinta Sinfonía de Gustav Mahler, la Traeurmarsch, y se sabe, a su vez, que es una que se encuentra en do sostenido menor; sería iluso pensar que éste movimiento se conforma por la suma total de los cuatro sostenidos y las tres notas restantes (pensando a los sonidos como vibraciones -físicamente existentes y medibles). Nadie, quiero suponer, afirmaría semejante barbaridad; lo que sí, muchos podrían argumentar que la Traeurmarsch no es nada más que la suma total de sus notas en una particular ordenación temporal. Ésta última afirmación sería una posición reduccionista; sin embargo, existe un corolario que es de mayor importancia para comprender la profundidad de ésta posición. Continuando con el ejemplo de Mahler (que escogí con todo el propósito de trastocar el punto de vista), éste posicionamiento reduccionista afirmaría que si se conoce todo lo relativo a las vibraciones sonoras de las notas, todo lo que envuelve una composición en una tonalidad menor, todo lo que está inmerso en el tempo, los silencios, crescendos, etc.; a grandes rasgos -y aquí ya cambio el lenguaje-, si sabe todo acerca del comportamiento de las partes de un sistema y se conoce todo sobre sus relaciones internas, entonces, se puede predecir y conocer todo acerca del sistema visto como una totalidad. Podría parecer vano pensar semejantes ociosidades cuando la imposibilidad de conocer todo de todo es más que patente; sin embargo, es esa especulación que lleva a profundizar más allá de los hechos la que impregna de tintes metafísicos ésta discusión. Para Dupré (2010), el por qué de ésta imposibilidad puede reflejarse en dos posicionamientos distintos: a) o es el resultado del subdesarrollo de las ciencias en la actualidad y, por tanto, en algún momento se podría librar aquella barrera, o b) es el resultado de obstáculos más profundos y que no tienen que ver con el desarrollo de las teorías, lo que daría como resultado que, independientemente de los avances científicos, esa imposibilidad seguiría estando presente.

Lo que yo estoy considerando como emergencia en el presente escrito es la postura que surge de (b); grosso modo, éste emergentismo nombrado como fuerte implica:

[…] the beleif that there are emergent properties, properties that could not have been predicted (even in “in principle”) from a complete knowledge of the constituents of a thing and their internal relations […] [it deny that the behavior of the whole is fully determined by the behavior of, and the interactions between, the parts (Dupré, 2010: 34 y 35; el entrecomillado es del autor, el énfasis es mío).

Con ésta imagen en mente; regresaré a la pirámide disciplinar de la primera parte.

Si se acepta que, no importando la ilusión de completud en el conocimiento, dentro de un sistema es posible que existan propiedades emergentes que no podrían haber sido predichas desde las propiedades de sus partes, esto emergente podría aparecer en dos espacios distintos: i) dentro de una misma disciplina, por ejemplo, propiedades biológicas emergentes dentro de un sistema biológico; o ii) en el salto de una disciplina a otra, es decir, propiedades que emergen cuando se pasa de propiedades físicas al mundo biológico. Sin embargo, ésta discusión podría no tener mucho sentido pues supondría que las teorías o las distintas disciplinas realmente representan a la realidad o que, dicho de otra forma, las divisiones disciplinares que construye el ser humano para estudiar a la naturaleza realmente son divisiones que existen en la naturaleza. En éste caso, yo prefiero seguir a Giere (1995) en su concepción de las teorías como modelos, incluso aceptando su corolario metafísico. Así, más que discutir si las propiedades emergentes lo son para con una misma disciplina o entre disciplinas; lo más adecuado sería pensar en éstas propiedades con independencia de las divisiones humanas de la naturaleza, lo que sí, parece existir cierto consenso en el hecho de que, en el transcurso de la cima a la sima de la pirámide, éstas propiedades emergentes van generando nuevos fenómenos querellantes de nuevos puntos de vista, métodos y teorías, lo cual conlleva a su vez posicionamientos metafísicos distintos. Un ejemplo muy claro de lo anterior se presenta en Beckner (1974) cuando en la discusión final se argumenta que, al combinarse un metal ligero como lo es el sodio con un gas venenoso como el cloro, lo que se obtiene es sal que, huelga decir, ni es un metal ni es venenosa (al menos, no en el sentido del cloro). Aquí ya se empieza a vislumbrar una topología que involucra al menos dos espacios: un nivel más bajo (lower-level) y un otro más alto (higher level). En el nivel más bajo estarían tanto el gas como el metal ligero y sus propiedades individuales; en el más alto la combinación de ambos donde una estructuración más compleja hizo que se perdieran éstas propiedades individuales y emergieran unas distintas. Para estudiar el producto común de estos dos elementos, se hace necesario algo más que lo que se utilizaría para estudiar a los elementos por separado; es decir, así como existen propiedades emergentes en un sistema que no pueden ser predichas desde las propiedades de sus partes, se vuelve necesario encontrar y construir teorías emergentes (por jugar con las palabras) que puedan dar cuenta del nuevo fenómeno desde una perspectiva distinta.

Lo anterior es muy patente en el salto que se da de la física a la biología; es más, gran parte de la discusión implica repensar los conceptos que de la física se adhirieron a la ciencia y adecuarlos o modificarlos para que puedan dar cuenta de la práctica científica de la biología. Esto debido a que, entre otras cosas, el mundo biológico representa uno donde cuestiones como el grado contingencia del fenómeno a estudiar implican necesariamente, según Mitchell (2000), repensar las teorías dentro de al menos tres ejes: su grado de abstracción, su fuerza y su estabilidad; todo esto para no perder la riqueza inherente al mundo biológico. A grandes rasgos, algunas de las propuestas que surgen del bastión de la filosofía de la biología llaman a expandir y/o modificar los conceptos que la física heredó a la concepción de un tipo de ciencia que el siglo XX, y también parte del XIX, se encargó de desmentir (ver: Bichat, 1805).

Corolario: la emergencia de lo psíquico

Si la existencia de propiedades emergentes vuelve inminente nuevas formas de acceder al fenómeno en cuestión, es decir, generan la necesidad de nuevos marcos teoréticos desde los cuales se pueda apreciar y conceptualizar una práctica científica que se da de facto, y éstas teorías, a su vez, se sostienen desde una distinta (o por lo menos no igual) base metafísica; un pluralismo metodológico como el propuesto por Sandra Mitchell, tendría que sostener por igual la abertura a un pluralismo metafísico (lo cual está lejos de ser un relativismo metafísico). Ahora, cuando enfrentamos a los nuevos teóricos de la ciencia contra sí mismos, al parecer, existe cierta contradicción en sus posturas. Cuando tanto Sandra Mitchell como John Dupré creen en el presupuesto de que no hay nada más allá de las cosas físicas y químicas, pero que a su vez no es posible entender el fenómeno biológico desde una perspectiva reduccionista; pecan, puedo pensar, de una ceguera disciplinar como la que justamente critican. Si a un físico ortodoxo le dijéramos que existen leyes en la naturaleza que no son ni universales ni necesarias, el físico no podría más que reírse de semejante afirmación; Nancy Cartwright, en cambio, la sostendría como una columna fundamental de la nueva forma de estudiar la ciencia, Giere, por su parte, va más allá y la extiende a la práctica científica. En éste sentido, cuando Dupré posiciona en un mismo nivel a las «mentes inmateriales» y a las «deidades extra-temporales»; lo que hace es cerrar el mundo a lo descrito por la biología, es decir, solamente cambia el dogma de la física por uno nuevo: el dogma que surge de la biología. Éste materialismo que, como ya se vio, resulta una herencia del siglo XVII, puede funcionar a la perfección -quiero pensar- en el terreno de lo biológico; pero ¿y en el mundo de lo psíquico? Si lo psíquico es una propiedad emergente sobre lo biológico, sería tan estúpido utilizar las formas y conceptos de la biología para estudiarlo como lo es, según éstos teóricos, utilizar las formas y conceptos de la física para estudiar lo biológico.

Regresando al ejemplo de la Traeurmarsch de Gustav Mahler: ¿cómo explicar la majestuosidad de la Muerte al marchar ostentosamente frente a mí en la fuerza de su composición? ¿Es acaso una propiedad emergente de una pieza en do sostenido menor? Porque si éste es el caso, ¿cómo explicar entonces la gravedad de la melancólica nostalgia del Adagio sostenuto de la Sonata para piano no. 14 “Quasi una fantasia”, Op.27, no. 2 de Ludwig van Beethoven? ¿Qué diferencia para con el Presto agitato que concluye la obra? O ¿cómo dar cuenta del impacto profundo que desembocó en un sentimiento de nimiedad al yo penetrar en la portentosa instalación Resplandor y Soledad de Cai Guo-Qiang? ¿Todo es una cuestión de arreglos físicos y químicos en un ambiente vital como lo es el biológico? O, ¿acaso eso psíquico emergente desenvuelve su movimiento en otro espacio, uno que se escapa a la perspectiva meramente biológica y necesita de otro punto de fuga desde donde construirse? Ahora, lo anterior no implica deshacerse de las perspectivas biológicas, químicas y físicas del estudio de lo psíquico sino, simplemente, y así como la biología querelló independencia con respecto de la física, el estudio de eso psíquico necesita de una forma de hacer ciencia específica y que rebasa, por mucho, a la que surge tanto de la física, como de la química, la biología e incluso a la misma psicología tal como es entendida dentro de estos ámbitos (que se presenta como un addendum a la neurología). Lo anterior no quiere decir que se vuelva entonces inmanente una visión espiritista; sino que se requiere de un quehacer científico dedicado exclusivamente a eso psíquico por excelencia, uno que tome en cuenta que lo biológico es solamente «el escenario» donde la puesta en acto de lo psíquico se lleva a cabo.

Referencias

Beckner, M. (1974) Reduction, Hierachies and Organicism. En: En: Ayala F. y Dobzhansky Th. (eds.) Studies in The Philosophy of Biology: 163-177. London: MacMillan.

Bichat, M. F. X. (1805) Anatomie générale appliquée à la Physiologie et Médecine. Paris. Citado en: Goodfield, J. (1974) Changing Strategies: A Comparision of Reductionist Attitude en Biological and Medical Research in the Nineteenth and Twentieth Centuries. En: Ayala F. y Dobzhansky Th. (eds.) Studies in The Philosophy of Biology: 65-86. London: MacMillan.

Campbell, D. (1974) Downward Causation in Hierarchically Organized Biological Systems. En: Ayala F. y Dobzhansky Th. (eds.) Studies in The Philosophy of Biology: 179-186. London: MacMillan.

Carnap, R. (1928 – 1990) Pseudoproblemas en la filosofía. México: IIFs, UNAM.

Cartwright, 1999 The Dappled World. A Study of the Boundaries of Science. Cambridge University Press.

Dupré, J. (2010) It is not possible to reduce biological explanations to explanations in Chemistry and/or Physics. En: Ayala & Arp. (eds.) (2010) Contemporary Debates in Philosophy of Biology.

Feyeraben, P. (1970 – 1974) Contra el método. Esquema de una teoría anarquista del conocimiento. Barcelona: Ariel.

Giere, R. (1995) The skeptical perspective: Science without laws of nature. En F. Weinert (ed.) Laws of Nature: Essays on the Philosophical Scientific, and Historical Dimensions.

Goodfield, J. (1974) Changing Strategies: A Comparision of Reductionist Attitude en Biological and Medical Research in the Nineteenth and Twentieth Centuries. En: Ayala F. y Dobzhansky Th. (eds.) Studies in The Philosophy of Biology: 65-86. London: MacMillan.

Hempel, C. (1950 – ) Problemas y cambios en el criterio empirista de significado. En: Ayer, A. J. (1965) El positivismo lógico. México: FCE.

Horst, S. (2007) Beyond Reduction. Philosophy of Mind and Post-Reductionist Philosophy of Science. Oxford University Press.

Mitchell, S. (2000) Dimensions of Scientific Law. Philosophy of Science, Vol. 67, No. 2 (Jun., 2000), 242-265.

Mitchell, S (2009) Unsimple Truths. Science, Complexity and Policy. The University of Chicago Press.

Oppeheim y Putnam (1958) Unity of Science as a Working Hypothesis. Texto electrónico.


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