De desórdenes conductuales y presupuestos infundados

Publicado: 2 agosto, 2010 en Ciencia

El ocho de julio del presente año, se publicó en el periódico La Jornada un artículo de Steve Connor que vio la luz en The Independent. La traducción del título de dicho texto versa de la siguiente manera: “Los trastornos de conducta en los adolescentes tienen causa biológica”. El subrayado que yo hago es el punto que en este momento le quiero dedicar especial atención. La afirmación es por demás escandalosa cuando se la compara, por ejemplo, con algunas frases del cuerpo del artículo: “Adolescentes agresivos con severos trastornos de conducta pueden ser resultado de una anormalidad biológica en el cerebro”; “Científicos creen haber descubierto la primera evidencia dura que apunta a una base biológica de los desórdenes de conducta en adolescentes, relacionada con la química cerebral […]”; “Por el momento no estamos en posición de decir que todos los trastornos de conducta en niños tienen base biológica […]”. De que los científicos crean que pueda haber una anormalidad biológica en el cerebro de personas con ciertos tipos de trastornos conductuales, no se sigue que éstos trastornos tengan una causa biológica; creo que es algo que cualquiera puede ver.

Esto, obviamente, no refiere nada sobre del artículo original, publicado en el número siete del volumen sesenta y siete de julio del presente año de la revista Archives of General Psychiatry (AGP). La puntualización que yo hago en este momento sólo se dirige a la tergiversación hecha por el periodista del periódico The Independent. No sé en realidad si sólo fue una falta de atención y profesionalidad o, más grave aún, si este error de juicio fue pensado como un ardid para tener más lectores. En cualquiera de los dos casos -la carencia de profesionalidad en el periodista o su falta ética-, lo anterior representa un grave agravio que no sólo afecta a la comunidad científica, sino que tiene implicaciones sociales de mucho más alcance.

Sin embargo, en el presente escrito no tengo como objetivo evaluar a los periodistas que divulgan trabajos científicos (aunque no estaría del todo mal); mi objetivo se centra en el artículo original de AGP.

Cuando a Foucault se le argumentaba que alguna proposición estaba científicamente comprobada, según dicen, él se preguntaba por los discursos de poder que estaban detrás de esa proposición. Es una buena forma de actuar; sin embargo, yo no pienso en un primer momento sobre aquellos discursos que sostienen lo “científicamente comprobado”, primero me acerco a los criterios desde los cuales se puede afirmar que a una proposición le corresponde tal adjetivación.

El artículo original de la AGP fue intitulado Neural Abnormalities in Early-Onset and Adolescence-Onset Conduct Disorder”, y su objetivo, en parte por lo menos, se centra en debatir la tesis desarrollista de los desórdenes conductuales (CD) en adolescentes (Adolescence-Onset; AO). A grandes rasgos, esta tesis supone que dichos desórdenes emergen en los adolescentes debido a un “deseo” (según Connor) de imitar a sus compañeros de mal comportamiento. Esto difiere del supuesto con el que se engloba a los desórdenes conductuales de inicio temprano (Early-Onset; EO), donde se supone un fundamento neurodesarrollista (neurodevelopmental basis).

Desde este planteamiento resulta razonable pensar, como lo hacen los investigadores, que si los EO-CD y los AO-CD tienen una etiología distinta, su fundamento deberá responder a esa diferenciación. Según los científicos, una de las cuestiones no aclaradas en este tema era la relativa a si los EO-CD y los AO-CD compartían o no los mismos caracteres neurofisiológicos. Entonces, y aquí está el gran salto inferencial, si los EO-CD y los AO-CD tienen distinta etiología, deberían también tener caracteres neurofisiológicos diferentes; o si, por el lado contrario, los EO-CD y los AO-CD tienen los mismos caracteres neurofisiológicos, la etiología debiera ser la misma.

La confusión radica aquí en creer en la sinonimia entre etiología y fundamento por un lado, y en la separación entre lo que acontece a nivel social y los que acontece a nivel química cerebral. ¿En qué momento se afirmó que si una afección tenía una causa social no podía modificar la química cerebral? ¿Qué no ese dualismo mente-cuerpo (o: alma eterna-carne pecadora) está en grandes dificultades para sostenerse en la actualidad?  ¿Qué no ese mundo-de-las-Ideas platónico (y su contraparte: nosotros-mundo-imperfecto) no está del todo resuelto? Porque lo que se puede leer en el bagaje cultural de los escritores de este artículo científico es, o que no se preocuparon por dar cuenta de sus presupuestos y de cómo ellos inciden en sus formulaciones, o que ya aceptaron como verdad algo que continúa siendo una aporía.

Pero bueno, dejando de lado esta digresión, me enfocaré en reflexionar sobre su investigación desde sus mismos términos y presupuestos. Aceptaré, sólo para este hecho, el supuesto de que los EO-CD tienen un fundamento neurodesarrollista. ¿Qué significa dicho fundamento? Si hago caso a la relación que supone el título del artículo citado (Neural Abnormalities in Early-Onset and…), puedo suponer que este desarrollo neuronal implica una anormalidad y que en ésta última se encuentra el fundamento de las CD. Es decir, algo aconteció en las personas con EO-CD que desarrollaron una anormalidad en su desarrollo neuronal. Ahora, la pregunta por ese algo es una que no recibe ni respuesta ni siquiera mención; pero se acepta como tal (¡pues claro, es un presupuesto!). Lo interesante es que yo, al estar buscando artículos sobre esto en la misma revista (AGP), me encontré con que existe un artículo que debiera, creo, recibir especial atención puesto que habla sobre los orígenes de las CD, se intitula: “Timing of Menarche and the Origins of Conduct Disorder”. Obviamente, esto debe ser leído con un tono de sarcasmo para entender a qué me refiero.

Lo interesante de ese algo que produce la anormalidad es que si, por ejemplo, fuese producto de un acontecimiento social, socavaría la teoría neurodesarrollista puesto que su base no sería orgánica. Ésta última teoría solamente se sostendría si la anormalidad resultara ser una genética que, de alguna manera, estuviera ya preescrita en la estructura molecular del individuo que la padece (lo que sería la versión científica de las grandes y bellas tragedias griegas, donde lo que los Dioses dispusieron se cumple sin importar cualquier cosa que los humanos podamos hacer). Sin embargo, esta diferenciación esencial para el sostenimiento o no de la teoría no resulta estar afirmada concluyentemente, al contrario, se encuentra dentro de un limbo especulativo:

[el CD] Podría deberse a que [los niños] nacieron con alguna disfunción particular, o tal vez a que sufrieron una experiencia perturbadora en la infancia que tuvo impacto en la forma de responder del cerebro.

Humildemente afirma Andy Caler,de la Unidad de Cognición y Cerebro del Consejo de Investigación Médica en Cambridge, donde se realizó el estudio”, según nos dice Connor. ¿Qué no da cuenta el susodicho científico Caler que el primer supuesto invalida la teoría que busca defender? Cualquiera que conozca un poco de lógica sabe que cuando una de las premisas es falsa en un condicional, cualquier conclusión se pude formular. En este sentido, sería más ético y atinado dar cuenta de ese agujero que estar suponiendo que no existe y seguir adelante una investigación que, de principio, resulta insostenible (por lo anteriormente argumentado).

Ahora, supongamos que el fundamento de los CD es biológico y que, por lo tanto, su base es genética (y dejemos de lado el abismo especulativo que invalida de facto la teoría). ¿Cuáles son las consecuencias que este manejo de la información presentan para la sociedad? Caler nos dice:

Detectar el trastorno de conducta en la adolescencia puede ser demasiado tarde. La identificación temprana de una anormalidad biológica podría ser una ruta en términos de intervención temprana.

¡Bien! Entonces la prescripción genética no es un símil de las tragedias griegas, aquí ya el hombre puede lograr virar el destino que se estableció desde las alturas olímpicas de los genes. Hemos logrado vencer a los Dioses; pero hemos perdido belleza en el proceso (claro, solamente si la “intervención temprana” es eficaz). ¿Cómo sería entonces ésta “intervención temprana”? De principio, existe un punto crucial que es anterior a la intervención: el diagnóstico. Por lo tanto, ¿cómo se hace un diagnóstico? Esto resulta muy sencillo, veamos el experimento realizado en Cambridge:

a)      Si suponemos que existe un factor anormal en el desarrollo neuronal de las personas con EO-CD, éste puede ser identificado.

b)      Para poder ser identificado, primero, tiene que distinguirse del desarrollo neuronal normal.

c)      La metodología experimental de éste grupo de científicos fue de la siguiente manera:

  1. Utilizaron una estudio sustentado en un grupo control (donde, a grandes rasgos, mides a un grupo x –experimental- con una variable controlada y, y lo comparas con un grupo control x´ donde la variable y no se encuentra).
  2. Los participantes –la muestra- fueron 75 adolescentes hombres de entre 16 y 21 años. De este primero grupo, 27 padecían EO-CD y 25 AO-CD. El grupo control estuvo compuesto por 23 adolescentes saludables (sic).

d)      El complejo, creativo y maravilloso diseño experimental versó de la siguiente manera:

  1. Se midieron los niveles de activación neuronal por medio de resonancias magnéticas en ambos grupos mientras… los participantes observaban caritas tristes, enojadas y de expresión neutral.

e)      Los resultados fueron los siguientes:

  1. Comparando las caritas enojadas contra las caritas de expresión neutral, los participantes con los dos tipos de CD mostraron respuestas reducidas en las regiones asociadas con las conductas antisociales cuando se les comparó con el grupo control. Las diferencias en este rubro entre los dos grupos con CD no fueron significativas. Comparando cada expresión con una línea base fijada, el experimento reveló niveles anormales (altos) de la respuesta de la amígdala para las caritas de expresión neutral, no así para las caritas enojadas, en los grupos con CD cuando comparados con el grupo control. Para las caritas tristes contra las caritas de expresión neutral, se observó una menor activación de la amígdala en los casos con EO-CD en comparación con los AO-CD y el grupo control. Y aun continúa; pero ya me he cansado de traducir (creo que esto es suficiente para demostrar el punto que estoy tratando).

Ahora, con esta base, regresaré a la cuestión del diagnóstico. Si para poder intervenir tempranamente en los posibles sujetos con CD es necesario distinguirlos de los sujetos normales; este brillante experimento basa dicha diferenciación en la respuesta de adolescentes a caritas con diferentes expresiones. Es decir, lo que haría que un sujeto pueda padecer CD se basaría en las mediciones hechas en una respuesta a caritas tristes o enojadas; claro, basándose en los niveles de activación neuronal con una lectura de resonancias magnéticas.

Existen muchos más puntos que debería señalar en el experimento anterior (la fiabilidad en el diagnóstico de los grupos participantes, las condiciones experimentales –qué nos asegura que un grupo de adolescentes van a estar atentos a caritas durante un tiempo x-, el hecho de que se acepta sin más la intervención de los niveles de respuesta de la amígdala en las CD, etc.); sin embargo, la estratagema retórica que utilizo (por ser más sencilla) se basa en fundamentar la medición de las respuestas emocionales hacia las caritas enojadas para encontrar las diferencias que separan lo saludables de lo anormal (sic). Y retorno a la pregunta que me ha guiado a lo largo de este escrito: ¿cuáles son las consecuencias de esto?

Si el presupuesto aceptado sin más implica anclar los CD a una anormalidad en la respuesta y/o desarrollo neuronal, sumado al hecho de que esta investigación fue realizada en una “Unidad de Cognición y Cerebro del Consejo de Investigación Médica”; el resultado supone pensar que las “intervenciones tempranas”, basadas en mediciones como las que he expuesto anteriormente, no serán otra cosa que fármacos que incidan directamente sobre la susodicha anormalidad cerebral. Esto, sin siquiera tomar en cuenta la complejidad del cerebro (en donde la teoría del caos podría bien ilustrar las consecuencias del mangoneo químico), tiene tintes de tornarse en una nueva «epidemia de la prescripción» donde un niño, que simplemente prefiere jugar a estar atento a lo que sea que alguien le está dictando, será remitido a un ejercicio diagnóstico y, por lo tanto, a una posible medicación que afecte directamente su química cerebral para que, en su ya trastocado futuro, sea un “hombre de bien”. Y todo esto basándose en presupuestos más oscuros e insostenibles que la bolsa que se regula a sí misma; no hay que olvidar que para realizar todo este ejercicio crítico no me dediqué a socavar esos presupuestos, sino que los acepté buscar hacerlo desde el discurso que los sustenta.

Referencias

El artículo publicado en La Jornada:

http://www.jornada.unam.mx/2010/07/08/index.php?section=ciencias&article=a10n1cie

Neural Abnormalities in Early-Onset and Adolescence-Onset Conduct Disorder:

http://archpsyc.ama-assn.org/cgi/content/abstract/67/7/729?maxtoshow=&hits=10&RESULTFORMAT=1&author1=Calder%2C+a&andorexacttitle=and&andorexacttitleabs=and&andorexactfulltext=and&searchid=1&FIRSTINDEX=0&sortspec=relevance&fdate=7/1/2009&resourcetype=HWCIT

Timing of Menarche and the Origins of Conduct Disorder:

http://archpsyc.ama-assn.org/cgi/content/abstract/63/8/890?maxtoshow=&hits=10&RESULTFORMAT=&fulltext=%22Early-Onset%22+%22conduct+disorder%22&searchid=1&FIRSTINDEX=0&resourcetype=HWCIT

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s